EL HOMBRECITO DEL AZULEJO

EL Hombrecito del azulejo, es un enanito pintado en un azulejo traído de francia, el único en un lote de cajones, llegados a la capital argentina.
Formaba parte del zócalo de la entrada de una hermosa casa en el barrio de San Miguel. Compañero de la soledad del niño habitante de esta casa.
Cuando el niño, Daniel, enferma gravemente, la Muerte espera la hora justa para llevarse a Daniel, sentada en el brocal del aljibe.
El hombrecito la ve y sale del azulejo. Es pequeño, cabría en la palma de la mano de un niño. Es azul, con largos bigotes y barba en punta. Llama la atención de la Muerte, hablándole en francés y haciéndole una profunda reverencia, al tiempo que se quita el bonete.
A la Muerte le gusta oír que la nombran en francés, le dice "Madame la Mort". El hombrecito a quien Daniel había bautizado con el nombre de Martinito, comienza a hablar y hablar, inventando cuentos y logrando hacer reír a la Muerte.
Un hombrecito pintado puede convertirse en bufón o en héroe para salvar la vida de su compañero de juegos. Un ancho río que queda seco necesita un pastor que pueda arriar las nubes a la altura de su cauce. Cuentos con magia y poesía, con ternura y suspenso, que ya pertenecen a la historia fantástica de Buenos Aires.
Formaba parte del zócalo de la entrada de una hermosa casa en el barrio de San Miguel. Compañero de la soledad del niño habitante de esta casa.
Cuando el niño, Daniel, enferma gravemente, la Muerte espera la hora justa para llevarse a Daniel, sentada en el brocal del aljibe.
El hombrecito la ve y sale del azulejo. Es pequeño, cabría en la palma de la mano de un niño. Es azul, con largos bigotes y barba en punta. Llama la atención de la Muerte, hablándole en francés y haciéndole una profunda reverencia, al tiempo que se quita el bonete.
A la Muerte le gusta oír que la nombran en francés, le dice "Madame la Mort". El hombrecito a quien Daniel había bautizado con el nombre de Martinito, comienza a hablar y hablar, inventando cuentos y logrando hacer reír a la Muerte.
Un hombrecito pintado puede convertirse en bufón o en héroe para salvar la vida de su compañero de juegos. Un ancho río que queda seco necesita un pastor que pueda arriar las nubes a la altura de su cauce. Cuentos con magia y poesía, con ternura y suspenso, que ya pertenecen a la historia fantástica de Buenos Aires.
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